domingo, 1 de marzo de 2015

Vuelve

Echo de menos abrazarte por la espalda.
Te echo de menos.
Pensé que debías saberlo. Pensé que debías saber que echo de menos tus manías, por ejemplo esa que tenías de cerrar el armario cada vez que nos íbamos a dormir. Pensabas que de ahí dentro podía salir cualquier bestia inimaginable, arrancarnos las sábanas y comernos con patatas fritas. De ahí nunca salió ningún monstruo, pero tú te tapabas hasta arriba y yo te miraba soñador, porque me encantaba sentirte a mi lado.
Echo de menos que te pusieras mis jerseys aunque te vinieran tres tallas grandes, y que luego te tiraras junto a mí en el sofá y me dieras calor, poner una película de fondo y que ésta nos diera igual, porque entonces empezábamos a besarnos y reírnos con nuestros juegos. Acabábamos los dos, uno sobre el otro, escuchando el respirar del otro, hablando en voz baja, como si alguien nos pudiese escuchar. Lo hacíamos así porque, a susurros, las notas son más sinceras y el eco aún más cierto, lo hacíamos así porque nos entendíamos casi con mirarnos.

O que te pusieras a cantar, también lo echo de menos. Que pusieses una canción en el equipo de música, cogieses el mando de la tele a modo de micrófono, y acompañases la canción con la peor de tus voces y el más arrítmico de los bailes. Luego, cuando de verdad te ponías sería, o nostálgica, te oía cantar a susurros, con timidez, y deseaba con todas mis fuerzas escucharte alto o, por lo menos, que me susurrases al oído.
Pensé que debías saberlo.
Que echo de menos verte sonreír.
Que echo de menos abrazarte por la espalda.

Que echo de menos decirte todo cuanto sueño.
Rozarte.
Besarte.
Follarte.
Y ya no sé si quieres, o puedes.
Si te sigo haciendo falta, como era antes.

O si ya no soy nada.
Porque estás ausente y te noto tan lejos que apenas alcanzo a verte, aún estando a dos centímetros de mí, aún notando tu respirar, aún queriéndote igual que lo he hecho siempre. Porque con el paso del tiempo fuiste dejando de ser tú para convertirte en otra persona. Y no te reconozco, y ya no eres tú, y ya ni siquiera soy yo.
Te echo de menos.
Pensé que debías saberlo.
Vuelve.

lunes, 23 de junio de 2014

DE LLUVIAS Y LLANTOS.

Domingo. Junio 22 2014

Se siente vacío.

Llueve.

Vacío.


Todo aquí es sobre sentir. Tengo unas inmensas ganas de llorar. Llorar mucho y muy fuerte, gritar, maldecir, llorar con hipo, preguntar los "Por qué" de muchas cosas para entonces volver a llorar, ésta vez quedito, llorar para mi.

Ojalá pudiera volver en el tiempo, a esos días en los que la lluvia era la cosa más emocionante de mi (pequeño) mundo, en aquellos años llover significaba salir a brincar en los charcos, augurio de ranas en el patio,  y veleros blancos hechos de papel y dobleces que zarpaban buscando horizontes más allá del Hit Sun Dracones.

Y volver a llorar. 


Presagio de la hecatombe emocional.

martes, 11 de febrero de 2014

ENCIENDE EL INTERRUPTOR, DEJA LA LUZ APAGADA


Temporales que me estrujan por dentro algo más que las entrañas
yo que te imaginaba conmigo
y tu le sonríes a alguien más
y toda flor marchita, es entonces invierno en primavera,
una botella del mejor vino vacía.

Yo misma me burlo de lo que aquí escribo,
pero te extraño, reconozco con certeza que
ya nada es lo que era, y entonces me extraño hasta yo misma.
Extraño aquello que pudo haber sido,
imagino la vida de alguna otra manera, y entonces
soy pintora, alumna de Dalí, de la mano de Kahlo.

Y te odio entonces, no se bien por que, y no me asusta
porque desde hace un buen tiempo no conozco el
por que de casi nada, vivo a tientas, como quien no encuentra
el interruptor y maldice la luz apagada, pasan los años a oscuras
por que dicen que a oscuras se imaginan mejor las cosas
y yo soy buena imaginando cosas.

Como cuando te imagino a tí,  y entonces pienso en mí.
O como cuando le imagino a ella y te imagino a ti.
Cuando me imagino yo, entonces no hay nadie allí.

Y te bendigo, no se bien porque diablos, pero lo hago,
sueño tu regreso y de paso tus manos sobre las mías,
volverás— me repito incesantemente,  al paso de los días— lo sé.
Volverás, te reconoceré desde lejos, como al atardecer,
sabre de ti desde la distancia.
Te oiré, como a las gaviotas que anuncian al último pesquero, que regresa.
cargado de soles de otros puertos, de los que soltaste amarras.

Allí estaré para recibirte,
seré la chica con la sonrisa mas ancha,
aquella que busca un rostro entre las multitudes.

Y cuando nada pase, tu encenderás el interruptor, mi amor,
y yo dejaré la luz apagada.


sábado, 9 de noviembre de 2013

AL ORIENTE ESTÁN LOS DIOSES

Carreteras que llevan a la vida.

Me recibe un valiente guerrero arrodillado
que vela el sueño eterno de su amada, aún después
de tantas lunas el Popocatépetl, antorcha ardiendo, corazón herido, 
ruge desde sus entrañas, cimbra los suelos 
el cielo de la ciudad sagrada.


Dragones vigilantes iluminan el futuro de paseantes,
que aman y sueñan con colores Talavera
a los que obsequias generosa flores y manzanas.


Bosquejaron mi presente preciso, 
en un lienzo de 40x50
prodigiosos sin murales,  artistas del dibujo.


Puebla, ciudad sagrada,
pirámides que celebran como yo al dios de la vida,
Quetzalcóatl, bendita serpiente emplumada.


Vuelvo buscando la paz de tus templos,
ese ruidoso silencio que agite a las mentes mansas.
Tiras de papel picado, mole y campanas,
por fin estoy en casa.

Camino por tus calles adoquinadas,
artesanías de manos de dioses de carne
en el callejón de los sapos, una vieja Remington.
La Pasita y el Parián me abrazan.


Y renazco, en el Barrio del Artista
halló al amor de mi vida más de una vez por noche.
Benditas manos que plasman 
la verdad cruda y cansada.


Jugando entre fuentes y callejones, el Carolino, el Variedades,
edificios alumbrados por la vida 
que celebra nuestro encuentro, nuestras dudas, tanta espera.
No temas, que los frailes nos resguardan, celosos,
allá en sus pedestales.
Nos observan, como ríes, como amas, como te enfureces.
Envidian el milagro de ser mortales,
el vivir ahora, estar a salvo, sólo éste instante.


Con sabor a tertulia, rodeados de gente cálida, más de una vez
en tus portales, salvamos al mundo de sus desgracias,
desciframos códices, compusimos boleros,
agradecimos a la vida y a los dioses,
por ti, por nosotros,  ésta noche, 
al calor de la bebida por los días vividos,
por aquellos que vendrán.
Noviembre 2013, a  los pies del Citlaltépetl.

Gracias. 

martes, 8 de octubre de 2013

SIN PIES NI CABEZA, SIN TI




Dibuja las constelaciones de nuestro futuro, ¿Lo harás por mi? Apaga todas las luces, ven a la cama y hazme despertar. Bendita la luna que te mira. Maldito el hotel en que te busco y no te encuentro,  y le pregunto a la recepcionista por ti, y  al camarero, al botones, le pregunto a mi espejo, te busco en mí y en mi ropa, en mi agenda y en mi, otra vez— no sea que no te haya buscado bien— Mi costumbre cansada maldice hojas y sueños, ropas, tendederos y cuestiones de tipo  ¿Dónde estarás?


Y te digo que hoy duele más de lo debido, que hoy tu recuerdo me duele un poquito más hondo de lo que hubiera yo querido, esta noche llena de catarsis, noche de pasado y despedidas, me falta el aliento y tu sonrisas, me falta mi vida. Quédate — un poco mas —aquí junto a mi. Acaríciame y no estaré sola. 


Noche de otoño sin mentiras que contar, mar Aral que derrumba mundos y peces volando en la habitación acompañando anémonas de coral.  Imagíname. Carreteras de suerte, destino paraíso y entonces era feliz. Olas rugiendo y el olor a sal, amaneceres que nos nombran con voces caracolas. Ciudades derrumbadas, mentiras y felicidad.


Lunas en agosto, noches de abril, y el universo al estallar, eres risa y diente de león, esperanza precaria y tardes de domingo, mantas, sofá, eres mis ganas sinceras de llorar. Mi paz y el fondo del mar. Eres. Copa y viento deshecho, ese rumor maldito de batalla. No hay quién no viva en ti.


Vamos, naveguemos hacia ti, desde los nortes todo derechito hasta llegar al sur. Donde los cometas nos resguardan de las lluvias y Santiago me revive, universidades y carreteadas, noches sin fin y sin amor, todo por el bien de la causa. Desde la Alameda hasta La Moneda esta noche Victor Jara y El Che Guevara nos cobijan. Ven, hoy nada es imposible, esta noche no existen los miedos, ven, hasta el encuentro. Piscos, Fito Páez y Silvio, Los Parra. Tu, yo, ellos. Nuestros sueños. Reíste y yo me enamoraba. 


A este lugar, que es mi casa y nuestro hogar le falta de todo, incluso yo y nuestras madrugadas. Te extraño de día, eres mío por la noche, paraíso lejos del resto del mundo y llegas tarde y yo ya te buscaba. Amor mío, una vida contigo no es suficiente ni con todos esos sueños. Quiero el riesgo de mirarte y planear amaneceres sin moldes, en los que llenas todas mis entrañas. 


El mundo esta deshabitado cuando tu no llamas. La ciudad llena de gente que duerme, gente que miente y reza contigo y por ti. Busco el principio de aquellos días en que la lluvia caía por ti. Bares, sueños, 
promesas y aquella cama.¿Recuerdas? Aún seguimos vivos. Días primigenios que arden calmados en tempestad. Y yo como este revuelto de ideas. Sin pies ni cabeza, sin  Lautrec y sus cicatrices. Como Penelope sin Ulises. Sólo tus manos que me amparan frías. 


Momentos en los que te das cuenta de que la vida es lo que es, es única, irrepetible, gloriosa, complicada, dolorosa, trágica,benévola, bastarda, hija de puta, bella.

miércoles, 24 de julio de 2013

HACIENDO PATRIA EN CADA PUERTO

Quiero recorrer el mundo, haciendo patria a cada puerto,
encallando en aquél lugar entre tu garganta y tu pecho,
siempre a la izquierda del tiempo.

Busquemos ese pueblo
Allá donde se habla el idioma universal de las sonrisas.
Donde reciben al viajero con abrazos cálidos. —¿Cómo has estado? Acaso ¿Es que ha pasado tanto tiempo? Te extrañé, estás más delgado— Ya te escucho.

Ven te invito a navegar por otros mares, a cantar otras canciones.
soñaremos despiertos, lo prometo.
Ven a beber gin-tonics, o un tequila y botana.
Celebremos éste encuentro. Ven, nos esperan La Chamana y Jose Alfredo
un mariachi y los recuerdos.
Te espero.

Te prometo copas rebosantes de recuerdos. Corear boleros y rancheras
te prometo una veladora que ilumine corazones, que esta noche
resolveremos al calor de la bebida todos los males del mundo.
y como Oppenheimer desvelaremos cuentos chinos
de esos que nos castigan desde hace miles de años.

Armaremos una revolución,
e invitaremos a sumarse a la causa, tu causa y ahora también la mía, a las viejas y a las nuevas generaciones. Inconformes gritaremos en voz de aquellos que dieron su vida, en pos de mejores mundos para los nuevos talentos, para ellos. Para nosotros también.

Exigiré –insatisfecha– el alma de quién firma los decretos
y proclamaré primavera en pleno invierno,
tus manos y mi pecho.
aquél bar y todos los recuerdos.

Militante acérrima de tu sonrisa,
no olvido la promesa.
Te espero.

lunes, 17 de junio de 2013

A PESAR DEL TIEMPO



Hoy recuerdo a hombres de polvo que ardieron en lucha. Hombres que presos, renacen a momentos en fotografías  grises y olvidadas, ajadas por el tiempo y la memoria que no supo retenerles. Memorias de olvidadas leyendas de aquella primavera que pudo y no fue. 

Admiré tu infinita paciencia, tu mala-cara que engañaba a cualquiera que no te conociera y tu buen humor que siempre me regalabas. Te recuerdo, hombre gregario desde el trabajo hasta los bares. Luchador incansable de tus sueños y también de los de tus camaradas.

Te recuerdo, a pesar del tiempo. 

Quizás no me regalaste tus mejores días, pero de tu independencia aprendí a quererte en la distancia. Me enseñaste que la vida está allá afuera. Me hablaste de noches azules, de amaneceres naranjas, de carreteras infinitas que te conducen a ningún destino. De la felicidad de llegar a casa, el periódico en la mesa, ese olor a tabaco, y descubrirte sentado en tu sillón. Me abrazas.

Recuerdo tus despedidas, constantes, malditas. Que te alejaban a kilómetros de aquí. Siempre amé tus ojeras, mientras yo dormía, lejos en alguna carretera tu pensabas en mi.

La autopista fue tu gran compañera y tu mejor escuela, motores que ronroneaban viejos y cansados que hacían más grande tu ausencia en la vieja casa. Luces rojas traseras para que avivaran tu navidad. Direccionales izquierdas prendidas cuando el sueño apremiaba, no había entonces  mejor almohada que tus sueños. Te acuerdas, también me hablaste de un frío remolque. Cómo pasa el tiempo cuando ya no estás aquí y tus historias son sólo recuerdos.  Llamada de larga distancia, yo feliz, era mi cumpleaños y me llenabas de promesas, tardes de domingo, helados en el parque, fabulas, historias, leyendas de tus viajes. Te imaginaba cómo "El Principito" recorriendo cada planeta, siempre pensando en su rosa.  Y me hablabas de regalos, de historietas, de personas que como tu, viajaban, incansables allá donde el invierno no da tregua. Aquí me detengo. Frenado de motor a los recuerdos, porque la memoria es mala y te traiciona. Y yo te extrañaba.